Mi aproximación a Nueva York (I)

Cómo empezar contando mi primera experiencia en Nueva York. Algo que he soñado toda la vida y que por fin he podido hacer realidad. No es fácil intentar contarlo todo de una manera coherente, sin dejarte llevar por las emociones. Pero tampoco es sencillo recordar este viaje, dejando a un lado expresiones como “todo muy grande”, “todo como en las películas” o ” todo guapísimo” sin más, que es de lo poco que he respondido a la gente que me ha preguntado.

Varias premisas creo que ayudarán en esta tarea. La primera, de entrada, es que el viaje ha cumplido las enormes expectativas que tenía ante él. La segunda, que es una ciudad demasiado grande y con demasiadas cosas que ver, como para sentirme un experto en ella con sólo (para algunos es mucho, para mí no) ocho días. Por lo tanto, esto es sólo una aproximación a Nueva York y no considero de una manera tan extrema como suelo escuchar, aquello de que esto es imprescindible, si no ves lo otro no tienes ni idea y sobre todo, lo que más odio y que viene en todas las guías o referencias a Nueva York: La mejor hamburguesa de la ciudad, el mejor perrito, la mejor pizza o el mejor lo que sea. Recuerdo que el concepto el mejor es sólo para una cosa. Cuando hay miles de los mejores, dejan de tener sentido. Seguramente, si mi abuela leyera este post (le enviaré un mail para que a menos de un mes de sus 90 años, me lea en su tablet), pensaría que es el mejor del mundo y lo cierto es que está realmente lejos de serlo. Por último, la tercera premisa que me he marcado para hablar de este viaje ha sido sencillamente, hacerlo de manera cronológica para darle algo de orden.

En primer lugar, la planificación pasaba por marcar las fechas, que irían del 2 al 11 de Abril. Tras el típico rastreo incesante de vuelos y hoteles, finalmente nos decidimos por un vuelo con escala en Frankfurt a la ida y en Zurich a la vuelta, con una y tres horas de escala respectivamente. En cuanto al hotel, tras valorar apartamentos y zonas alternativas, pensamos que la mejor opción era en Manhattan. Miles de opciones y por unas cosas o por otras, el Pod51 fue la elección final y fue todo un acierto, por comodidad, limpieza, modernidad y situación, en la calle 51 junto a la 3ª avenida. Para repetir y recomendar sin dudar.

Jueves, Día 1. Llegada y vuelta de reconocimiento

Pero empecemos desde el principio. Tras el largo viaje de avión, que incluyó estar a las 4.30h de la mañana en el aeropuerto, una escala a la carrera en Frankfurt por problemas con uno de los billetes (importante llevar el ESTA en orden en la mano, al contrario de algunas recomendaciones que había leído) y un fenomenal vuelo con películas a elegir, llegamos finalmente a Nueva York sobre las 14.00h. Los controles de aduanas y demás trámites en el aeropuerto JFK es cierto que son exhaustivos, pero tampoco cercanos a esas leyendas que siempre hemos oído. Mucha gente, muchas colas, poca amabilidad de los polis, fotos, escáneres de dedos y poco más. Con un poco de paciencia y tomándolo como parte de la experiencia del viaje, no supone ningún problema.

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Un tren llamado Air Train nos dejó en el metro y éste finalizó el trayecto hasta la parada de Lexington, justo al lado de nuestro hotel. Con toda la tarde por delante, el ansia se nos apoderaba y solo queríamos dejar las maletas y comenzar a patear todo lo posible. Sin salir de nuestra calle y caminando hacia el oeste, todo nos venía a mano. Las avenidas 3ª, Lexington, Park Avenue o Madison tienen de todo para que el turista recién llegado se quede con la boca abierta y el cuello partido de mirar hacia arriba.

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Durante el paseo, el Radio City Music Hall, el edificio Chrysler o la catedral de Sant Patrick’s contribuyen a ello. Precisamente entrar en la catedral fue de lo primero que hicimos en este paseo inicial y sin recordar que era Jueves Santo, nos quedamos impresionados de la inmensa cantidad de gente que había allí en misa. Realmente impresionante. Y tras ello, la salida de la catedral, directamente a la 5ª Avenida, justo enfrente de uno de los edificios de Rockefeller. Otro de los impactos que te ofrece la ciudad. Después del primer perrito caliente de rigor, sin saber si tienes o no hambre, como si tienes o no sueño, aún bajo los efectos del viaje, toca patear la que seguramente sea la avenida más famosa del mundo. Todas las tiendas del mundo (mención especial para el chasco que me llevé con la de la NBA), el Empire State, la biblioteca pública y todo el ambiente USA que uno se pueda imaginar. Finalmente, y tras pasar por la pista de patinaje de Rockefeller, acabamos el día en el micromundo de Times Square. Luces que pueden volverte loco y cantidades de gente inesperadas a cualquier hora del día y de la noche. No es lo más bonito de NY, pero sin duda es algo imperdible, impactante y que no se parece a nada en el mundo. Para ser el primer día y tras demasiadas horas danzando, ya era hora de dormir un poco. McDonald’s en la habitación del hotel y a la cama pronto.

 

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Viernes, Día 2. Tour de contrastes

Para este día teníamos reservada una excursión en autobús. Es la que todo el mundo conoce como “Tour de contrastes” y casi todos mis conocidos que habían estado en la ciudad, la habían hecho. Es muy buena opción, sobre todo al inicio del viaje, ya que te da una idea de la ubicación de gran cantidad de cosas y te lleva a sitios donde de otra manera no irías. En una mañana visitas lo más importante de cuatro de los cinco barrios neoyorquinos, dejando a un lado Manhattan, que cualquiera puede descubrirlo con facilidad.

Evidentemente, tiene su parte negativa, como ver algunas cosas que no interesan a todo el mundo por igual o algo que siempre he detestado, como tener que hacer fotos desde el bus o corriendo por la calle porque el grupo tiene que continuar la ruta. Pero definitivamente, vale la pena.

Partiendo a las nueve de la mañana desde Manhattan, en primer lugar vimos Harlem y me acordé de algo que leí no sé donde, entre toda la enorme información que recibí antes del viaje. La gente intenta encontrar algo allí que no se corresponde realmente con la realidad. Sitios muy concretos y con historia que seguramente significan mucho en el imaginario de la gente, pero no acaban de dejarte una sensación importante al verlo. El famoso garito de jazz Cotton Club (personalmente me hizo mucha ilusión), el teatro Apollo del que nos dijeron que allí se consagran todas las estrellas y un par de iglesias que seguramente a los europeos nos impresionen menos que a los locales. En general, poca cosa concreta más. A continuación, visitamos la universidad de Columbia y para mí, sinceramente, nos lo podríamos haber ahorrado.

 

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El segundo barrio que visitamos fue el Bronx y ahí, quieras o no, sí que hay algo que te impresiona y que te llama mucho la atención. Miles de historias y leyendas y unas calles que te recuerdan a mil películas. Además, esta sí es una de las cosas que valorar de este tour, ya que por ti mismo nunca te meterías en este barrio sin saber si realmente te la estás jugando. Allí las atracciones más destacables son los grafitis, tanto los artísticos con los que los turistas nos hacemos fotos, como los conmemorativos de toda la gente asesinada. Para cada persona caída por las balas en sus calles, hay un enorme grafiti a veces acompañado de un pequeño altar. Un niño que recibió una bala suelta de un tiroteo, un líder de una banda que sufrió un ajuste de cuentas, un rapero que ganaba demasiado dinero según sus violentos vecinos o el más famoso, el de un chico que estaba a punto de llegar a casa cuando unos policías le pidieron la documentación y acabaron acribillándolo a balazos (en concreto 41 y de ahí la canción “41 shots” de Springsteen). Como digo, lo bueno es que vas con mucha más gente y con los guías que te dejan bajar en unas zonas sí y en otras no, por alto riesgo, o sencillamente por no tener demasiado interés. Algunas de las cosas que también pudimos ver en este mítico barrio fueron la comisaría Fort Apache, famosa por la película y por supuesto el impresionante Yankee Stadium.

 

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De los dos barrios restantes, una de cal y otra de arena. Poca cosa en Queens: El Flushing Meadows donde se juega el US Open de tenis, el escenario de una de las escenas de Men in Black y una zona residencial sin interés alguno para mí. Por otro lado está Brooklyn y su barrio judío. Muy interesantes todas las historias del emocionado guía sobre esta religión y su peculiar vida y más interesante aún ver a los judíos ultra ortodoxos en su barrio, en su hábitat total. Allí todo está hecho por y para ellos, sólo viven ellos y sus peculiares vestimentas y maneras de ser y actuar y sólo se ven alteradas por los grupitos de turistas que paseamos por allí, fotografiándoles con más o menos discreción, con más o menos educación. En mi caso, siempre trataba de hacerlo de la manera más disimulada posible, sin dejar ver que les estaba apuntando a ellos. Seguramente, en muchos casos los turistas se dedicarán a fusilarles sin piedad con las cámaras, lo que puede llevar a serios problemas, dado el extremo cuidado con que trata casi todo los temas esta religión.

 

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Y para acabar el tour, seguramente lo mejor. El East River, los puentes de Brooklyn y Manhattan, el skyline y todo aquello que todos los ciudadanos del planeta tienen en su imaginario de lo que es Nueva York. Hicimos una parada en una playita entre los puentes, en la zona conocida como DUMBO (Down Under Manhattan Bridge Overpass) que, aunque suene a feo topicazo, nos hizo respirar la esencia de la ciudad, con todo aquello delante de nuestras narices. El tour finalizaba con algo tan simbólico como cruzar el puente de Manhattan. Realmente impresionante. Nuestro paseo por los barrios neoyorquinos acababa en Chinatown, sobre las tres de la tarde.

 

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De nuevo en Manhattan, iniciábamos la ruta justo donde nos había dejado el autobús. Otro país se abría ante nuestros ojos, o eso es lo que nos hacía ver Chinatown. Carteles, gente y establecimientos únicamente chinos. No es algo especialmente bonito, pero sí muy peculiar y de visita casi obligada en toda ciudad que tenga un barrio así. Además, para integrarnos más en el ambiente, decidimos comer en uno de los restaurantes más autóctonos que vimos. Nos decidimos por uno que habíamos leído en alguna guía, aunque no sabría decir si realmente fuimos al mismo. La verdad es que fuimos los únicos turistas comiendo allí y a juzgar por el inglés nulo de los camareros y su escaso desparpajo, otros días tampoco debía ser muy diferente. Pedimos como pudimos algo de arroz y de carne y milagrosamente acertamos. Bastante bueno y bien de precio. No sé si para recomendar, pero aceptable en todo caso y una experiencia diferente. De allí, nos fuimos a hacer la otra visita obligada de la zona, Little Italy. Una calle (sí, solo una calle) repleta de restaurantes italianos.

Tras este pequeño paso por otros países, volvimos al New York más puro, con la entrada en el Soho y sus tiendas puramente yankees, donde no nos resistimos a comprar zapas y complementos varios. Y pasando la tarde paseando por sus calles, en algunos momentos algo perdidos -como buscando algo interesante en Tribeca que no encontramos- llegamos a uno de esos sitios que teníamos marcados en la agenda desde el principio, entrando ya en otro de esos barrios modernos que enriquecen la ciudad, el Village. Allí, queríamos ir a un concierto de jazz en el mítico Blue Note, donde todas las leyendas han tocado. El cuerpo nos pedía echar una ojeada al cartel y volver en otro momento, pero en media hora empezaba a tocar Kyle Eastwood (sí, el hijo de Clint) y decidimos aprovechar la ocasión. Evidentemente, el esfuerzo mereció la pena y fue otra experiencia increíble. Para la guinda, pudimos cruzar con él dos palabras tras el concierto, mientras nos hacíamos la foto de rigor y nos dedicaba el disco.

Para acabar el tremendo día, las piernas no nos daban más de sí y cogimos un taxi, también porque es algo que se supone que hay que hacer en NY, y nos marchamos a cenar a uno de esos sitios recomendados en todas las guías. El Jackson’s Hole tiene una de esas mejores hamburguesas de la ciudad. Y si no lo es, lo parece. Buenísimas y de dimensiones extremas, hasta el punto de no saber cómo cogerla y ser incapaz de acabártela. El día ya no daba para más y con las escasas fuerzas que nos quedaban llegamos andando al hotel, a cuatro o cinco calles de allí por la tercera avenida.

 

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Sábado, Día 3. Brooklyn

Para este día teníamos la mañana reservada a los mercaditos de Brooklyn. El Flea Market y el de Williamsburg eran los dos de los que habíamos oído hablar. El día soleado acompañaba al plan, cogimos el metro y nos plantamos al otro lado del East River, aunque la verdad, es que no exactamente donde queríamos. Tras unos minutos de dudas y preguntas a los locales, cogimos un autobús que nos dejó exactamente donde teníamos pensado, en una zona similar a una cancha, acotada por la clásica valla y llamado Flea Market. Allí, lo que pudimos ver fue básicamente las cosas que la gente tiene en sus garajes durante años y que finalmente se decide a sacar a la venta en este tipo de mercadillos. Evidentemente, alguna morralla sin valor, cosas súper llamativas que te llevarías a casa y no sabrías ni cómo transportar ni dónde colocarlas y pequeñas joyitas con sabor del lugar. Un par de compras freaks y alguna sorpresa con los precios desorbitados de algunos bolsos, en un lugar supuestamente de cacharros con encanto y marcha hacia Williamsburg.

 

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Queríamos ir a Williamsburg en bus, porque el conductor del anterior nos comentó que era la mejor opción y además, así podíamos ir viendo el barrio, pero no nos salió demasiado bien. Nos dimos cuenta de que teníamos que coger dos y tras el primero, el panorama que nos encontramos no era el más acogedor. Estábamos en una zona, en la que unos guiris como nosotros no debíamos estar. Finalmente pudimos coger el bus definitivo y a pesar de no tener monedas, le dimos pena al conductor y nos coló.

Una vez en el barrio conocido por ser donde nació el concepto “hipster”, las tiendas y locales de la zona, dejaban ver que se trataba de un sitio de moda. Ropa hecha a mano bonita y cara, ropa de segunda mano súper llamativa, cupcakes, terrazas perfectamente decoradas y por supuesto la gente. Modernos por todas partes. Justo cuando empezamos a estar algo perdidos entre las principales calles como Bedford, Driggs o Berry y con algo de hambre, se nos acercó un chico para ofrecerse a ayudarnos. No era la primera vez que descubríamos la amabilidad con los turistas, pero este tío se lo curró mucho. Nos estuvo acompañando unos minutos y nos recomendó un sitio para comer, además de darnos un par de consejos sobre cómo movernos por allí. Seguimos su indicación y tras un paseo por un mercado de comida, directos a comernos otra hamburguesa más. Genial la recomendación, el Café Colette.

 

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Después de comer, fuimos al mercado conocido como Artists and Fleas, el típico mercado cubierto, ubicado en un antiguo edificio remodelado, con DJ pinchando… tan de moda en muchas ciudades. En él, los diseñadores locales venden su ropa, joyas o cupcakes por un precio algo elevado, la verdad. Si te quieres rascar el bolsillo con algo realmente bonito y muy original, éste es el lugar, si no, al menos es un sitio muy bonito para visitar. Y una vez finalizado el recorrido, seguimos el consejo de nuestro amigo y cogimos un ferry que nos llevara río abajo hasta el puente de Brooklyn, nuestra próxima parada.

 

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Y como no podía ser de otra manera, pasear con un barquito por el East River, con Manhattan y su skyline delante, fue algo increíble. Pasar por debajo de los puentes, ver todos los rascacielos y además disfrutar de un día soleado espectacular, qué más se puede pedir. Por supuesto, a la llegada al puente de Brooklyn, nos sentamos en un banco a observar uno de los paisajes más conocidos del mundo y una de las imágenes que te hacen soñar con Nueva York. El puente y el downtown, sobre el que algún día sobresalieron las torres gemelas y hoy lo hace la nueva torre de la libertad. Cuando alguien me hace la clásica y difícil pregunta sobre qué me ha gustado más del viaje, suele venirme todo esto a la cabeza, acompañado del momento mágico y mítico, justo posterior, de cruzar el puente de Brooklyn.

 

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Una vez más en Manhattan, lo único que nos quedaba en el planning del día, era el downtown de la ciudad. El distrito financiero, con Wall Street y el famoso toro dorado (y sus testículos) y la zona cero con todos los recuerdos del 11-S, eran nuestro objetivo para las últimas horas del día antes de cenar. Entre medias, otra de las “joyas” de Santiago Calatrava. En este caso, otra peineta sobre una nueva estación de metro. Blanca y oxidada (o rovellada como dice el gran Eugeni Alemany, en un vídeo más que recomendable).

En el financial district, una visita rápida y cumplir con las fotos de todo turista, con imágenes icónicas que todos tenemos en la mente. En todo lo relacionado con el 11-S, todo lo contrario. Desde el momento en que se entra en la plaza donde estaban las torres gemelas, comienza a sentirse toda la emoción que conlleva. Nada más llegar, las fuentes justo en los huecos de las torres, rodeadas con placas de todos los nombres de las víctimas, te da el primer impacto. A continuación, la enorme Liberty Tower, que sustituye a las desaparecidas torres gemelas, es el segundo. Pero sobre todo, el museo en memoria del terrible atentado, golpea a cualquiera que lo visite. Fotos de todo tipo, vídeos de aquel 11 de Septiembre y audios que ponen los pelos de punta. Mención especial para el contestador de una víctima en el que sus familiares y amigos se preocupaban por él o para el mensaje de otra víctima a su novia despidiéndose de ella.

 

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Se hacían las 9 de la noche, nos echaban ya del museo y mientras nos hacíamos las últimas fotos en la plaza, también nos echaban de allí a las 9.30, ya que también la cierran. El día no daba para más y nuestros pies tampoco. Taxi al hotel, cena en un bar con música en directo y a dormir.

Y hasta aquí esta primera parte del viaje. En próximos posts, Gospel, Outlets, Empire State… y mucho más.

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Pues a mí me gustó

Tan cierto es que el Valencia en el Calderón apenas chutó a puerta en los 90 minutos, como que supo plantar cara a uno de los rivales más poderosos de Europa y jugar un partido más duro y pesado que un dolor de muelas. Cualquier cosa se vio sobre el terreno de juego menos fútbol. Mientras los de Nuno intentaron manejar el balón, aunque sin fluidez alguna, los de Simeone, sencillamente no lo buscaron, aplicando su fútbol de entrega radical y empuje desmedido. Por supuesto, el gol tenía que llegar a balón parado y así fue a la media hora de partido. Tras varios toques dentro del área -uno con el hombro de Tiago, al borde de ser manos- llegó Koke en carrera, el único jugador del encuentro que no maltrató la pelota y colocó el 1-0.

Koke VCF

Tras el gol, parecía que el partido ya era cuesta abajo para los locales, con un Valencia perdido y sin ideas para crear algo de peligro en la portería de un rival, que se siente cómodo con el resultado a favor, agazapado y esperando alguna contra, más con un Torres algo más inspirado de lo habitual. Los últimos minutos de la primera parte y los primeros de la segunda, confirmaban a un equipo tocado y a otro dominando la situación. Las pérdidas de tiempo, protestas y patadas permitidas una y otra vez por el colegiado -vaya idea colocar a un novato en este partido- así como su diferente vara de medir, por supuesto beneficiaban a los del Cholo. Como ejemplo, Gabi y Raúl García no vieron cartulina, estando todo el partido haciendo faltas y protestando y Otamendi, Enzo y Negredo la vieron sin motivo.

Pero hacia el final del encuentro, los visitantes dieron un paso al frente y viendo que el rival no creaba apenas peligro y que se encerraban atrás a dejar pasar los minutos, decidieron hacer algo con la pelota que el Atlético les entregaba una y otra vez. Rodrigo entraba al campo por un desaparecido Feghouli y André Gomes por un trabajador Enzo Pérez. Pero una vez más, el partido no estaba para ocasiones y el gol del empate tuvo que llegar a balón parado. Parejo la puso dentro del área y el balón se envenenó ante la pasividad de Moyá, que cuando se quiso dar cuenta ya estaba golpeando su larguero. El rechace le cayó a Mustafi en el cabeza que solo tuvo que empujarla para poner la justicia en el marcador. El alemán anda algo despistado últimamente en defensa, pero en ataque siempre es un peligro.

Mustafi Calderón

 

Y si poco fútbol habíamos visto hasta entonces, menos aún íbamos a ver desde el empate, con dos equipos exhaustos de correr y chocar y con un gol y un punto cada uno en el bolsillo. Sí pudimos ver una de esas expulsiones exprés que no suelen darse en el fútbol. En los minutos 42 y 44, Javi Fuego vio dos amarillas que le mandaron a la caseta, en un partido en el que los jugadores se habían repartido de todo. Para muchos la segunda fue injusta, para mí no lo fue tanto, aunque si el árbitro hubiese tenido algo de criterio, podía habérsela ahorrado recordando su actuación.

Por tanto, cierto es que fue un partido poco vistoso y casi exento de fútbol, pero el Valencia mostró un gen competitivo que hacía tiempo que no se le veía, sabiendo sufrir ante el actual campeón de liga. Y por encima de todos, mención especial para Nicolás Otamendi. El argentino se lesionó el tobillo en la jornada anterior y nadie podía pensar que se iba a recuperar de un esguince de grado II en tan solo una semana. No sólo lo hizo, sino que cuajó un partido enorme frente a Torres, Raúl García, Mandzukic y alguna otra hermanita de la caridad. Lo que aporta este central al equipo no tiene precio y ahora queda en el recuerdo, aquella gente que trataba de ridiculizar el dinero que se pagó por él (Recordemos, unos 12 millones de euros). Hoy vale más del doble y es una pieza sobre la que edificar el Valencia del futuro para muchos años.

Otamendi Mandzukic

Al final, nos acabará gustando

Este Valencia va muy en serio. Su juego poco vistoso y algo indefinido, comienza a ser una seña de identidad y lejos de ser algo negativo, se está convirtiendo en un estilo sólido y perfectamente válido para conseguir buenos resultados. Se han limado algunos detalles, reduciendo los errores y potenciando las virtudes de una plantilla extremadamente joven y el resultado es una cuarta plaza en la clasificación, con la tercera al alcance de la mano esta misma semana.

VCF-Real Sociedad

El pasado domingo frente a la Real Sociedad, el Valencia consiguió una victoria crucial por 2-0 con goles del convertido en estrella (convertido por sí mismo, por su trabajo y empeño) Pablo Piatti. El equipo de Nuno hizo gala de una gran solidez defensiva sin apenas recibir ocasiones de gol. En el centro del campo, Javi Fuego volvió a dar equilibrio y trabajo a manos llenas y Enzo Pérez cuajó su mejor partido desde que llegó en el mercado invernal, abarcando infinidad de metros por todo el campo, con y sin balón. El tercer integrante de la sala de máquinas del equipo, Dani Parejo, sigue con esa transformación que está llevando a cabo este año. Poco control de balón y poco peso en el juego, pero mucho trabajo sin la posesión. No sé si es el hombre indicado para ello, pero el jugador está haciendo un gran esfuerzo. Quizás su lacra, están siendo las excesivas pérdidas de balón, reteniendo demasiado la posesión en algunas ocasiones. Con el asunto de su renovación encima de la mesa, muchos pueden plantearse si es el faro que debe guiar a un gran Valencia en el futuro. El debate ya está en la calle.

Parejo

Y con un equipo ensamblado atrás y con escasas fisuras, sólo cabe esperar que los de arriba aparezcan con su calidad. En esta ocasión los encargados eran Feghouli, Negredo y Piatti. El primero parece que por fin aparca su tremenda irregularidad desde que llegó a Valencia, aunque aún tiene que confirmar que es algo más que un revulsivo para las segundas partes. El segundo continúa dando lecciones de clase, con trabajo contra los centrales y juego para sus compañeros, aunque anda muy escaso de goles para un delantero de su nivel. Por su parte, Piatti se ha convertido en un jugador fundamental. En su ausencia, el Valencia le echó mucho en falta y con su vuelta ha ganado en peligrosidad frente a cualquier rival. Puede gustarte más o menos, pero su trabajo, velocidad y ahora también goles, lo convierten en una pieza imprescindible. Su doblete del domingo, dio tres puntos vitales, que acompañados del empate entre Sevilla y Atlético de Madrid, dejaron a los ché con un margen de siete puntos sobre los andaluces y a tan solo uno de los madrileños.

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Y en plena subida de resultados y de moral, ahora falta saber hasta dónde llegará ese buen momento del Valencia. Para ello, no se podía presentar una oportunidad mejor que la de este jornada, donde los de Nuno visitan el Vicente Calderón el domingo a las 21:00h para medirse al Atlético de Madrid, con un solo punto más en la clasificación. Si el Valencia consigue sacar esos tres puntos y asaltar la tercera plaza, será un golpe muy fuerte encima de la mesa y se postulará como un candidato firme a jugar la próxima liga de campeones. Incluso algunos, empezarán a hablar de cotas mucho mayores y en mi opinión, fuera de lugar. De todas formas, ya se ha escuchado esta temporada hablar de posibilidades de título de liga y la verdad, soñar es gratis.

Cambiar el chip

Hay algo que a muchos se nos escapa en este Valencia. O al menos existe un detalle que, por lo visto no entendemos bien. Por los resultados, por las opiniones desde dentro y por la euforia del entorno, está claro que los que pedimos más a este equipo, debemos estar equivocados. El Valencia es cuarto, tiene al quinto cinco puntos por detrás, al tercero a tiro de un partido y el calendario de cara, siempre contando con que los rivales disputan competiciones europeas y los de Nuno no.

Yo ya no acabo de tener claro si es normal, ganar al Getafe en casa jugando mal y con un único gol de penalti. No acabo de tener claro si lo lógico es sestear en casa del último clasificado de la liga, dejándose empatar y sólo reaccionar y mostrar la superioridad en los últimos momentos para rascar un gol y volver a ganar por la mínima. Pero a tenor de lo visto durante la temporada, debe ser una manera de jugar, una manera de entender el fútbol diferente, no mostrando nunca buen fútbol, sin un estilo muy definido, pero consiguiendo sacar los resultados adelante.

Negredo Getafe

Frente al Getafe lo único interesante que pudo llevarse la grada de Mestalla fue la picardía de Negredo en el penalti, colocándose en el sitio donde Juan Rodríguez le iba a golpear, y las apariciones desde el banquillo de los recuperados para la causa Rodrigo y Feghouli. Sin embargo, en Córdoba fueron algunos detalles los que acabaron decantando la balanza, cosa más que lógica por la diferencia de plantilla y presupuesto de ambos equipos. Las asistencias de De Paul para el gol de André o de Negredo (saliendo desde el banco aún estando Alcácer lesionado) para Piatti fueron determinantes en el 1-2 final.

Piatti Córdoba

 

Por lo tanto, quedan varias conclusiones que habrá que tener en cuenta a partir de ahora. La primera, que este equipo se siente cómodo en la tesitura en la que se encuentra y que a pesar de no ver un juego demasiado fluido en sus partidos, es capaz de sacarlos adelante y su clasificación así lo demuestra. La segunda, que si las bases de un conjunto con poco recorrido como éste, se van asentando, se puede mejorar en muchos aspectos. Se puede pensar que si sin jugar bien, se están sacando los resultados, cuando se juegue mejor se podrán sacar mejores incluso. Recordemos que esta plantilla es la más joven de la liga y que ha sido confeccionada desde cero a principio de temporada, empezando por un técnico sin experiencia en el máximo nivel. El asentamiento de un sistema definitivo tras innumerables cambios, puede ayudar también a una estabilidad en el juego. Habrá que dar un tiempo a esta evolución.

Por último, tenemos que tener muy en cuenta el calendario que empieza a apretarse por estas fechas y comienza lo realmente importante de la temporada. Esta misma jornada es crucial, con el enfrentamiento matinal del domingo del Valencia frente a la Real en Mestalla y sobre todo, con el choque entre los dos rivales más directos de los de Nuno. Sevilla y Atlético de Madrid se enfrentarán el mismo día a las 19:00h en el Sánchez Pizjuán. Además, los primeros juegan hoy mismo Europa League en Alemania, mientras los segundos lo hicieron ayer en el mismo país, en Champions y con una derrota que sembró dudas en su entorno. Y tras esta jornada, la siguiente volverá a ser de infarto, con la visita del Valencia al Calderón, aunque eso ya será otra historia y estará condicionada por lo que pase este mismo domingo.

Pequeños detalles por la izquierda

Poca mejora del Valencia se vio el pasado domingo en Cornellá. Mismo juego plano, sin intensidad, sin dar dos pases seguidos y sin apenas ocasiones claras. Lo habitual fuera de casa esta temporada. Sin embargo, lo que sí consiguió es sacar unos tres puntos vitales, que le vuelven a colocar en Champions tras la derrota del Sevilla. Y precisamente, la victoria vino por la variante que por fin realizó el técnico, dando amplitud al juego colocando a dos extremos en las bandas y prescindiendo de unos de los cuatro volantes.

Con tres centrocampistas, dos extremos y un delantero puro, el equipo se mostró más cómodo tanto en ataque como en defensa y a pesar de no acabar de encontrar un juego fluido, la disposición táctica le permitió algo de estabilidad. Y el culpable de todo ello, se llama Pablo Piatti. Es un jugador que por alguna razón, no acaba de convencer a la grada de Mestalla y siempre está infravalorado (incluso desde el club, cuando se le apartó hasta que saliera de la plantilla), pero que hoy por hoy es fundamental en este equipo. Crea peligro por la banda con su desborde y velocidad, suele ser peligroso colocando el balón parado y además ayuda en defensa, lo que contribuye a mejorar a Gayá. Esto último es mucho decir, ya que el lateral es a sus 19 años, el mejor jugador de la plantilla esta temporada con mucha diferencia. Evidentemente, o se le ata ya con la renovación de su contrato o cualquier equipo grande de Europa no tardará en llevárselo ni cinco minutos. (Recordemos que cobra unos 200.000 euros brutos por temporada, lo que en el mundo del fútbol es realmente ridículo).

Gayá Cornellá

Tras una primera parte que dejó poco más que bostezos de ambas aficiones, en la segunda comenzó a decantarse el partido. Tras la reanudación, André entró por un Enzo que incomprensiblemente jugó toda la primera mitad lesionado. El portugués, algo despistado últimamente por el sistema, aportó algo de su buen trabajo con la pelota junto a Parejo y el equipo mejoró su control del encuentro. También cayó lesionado Alcácer nada más reanudarse el encuentro y fue sustituido por Negredo. Ninguno de los dos delanteros anda en su mejor momento, con el primero descentrado por la suplencia y el segundo sin gol y alternando buenos y malos partidos.

Alcácer Negredo Cornellá

Pero lo que cambió el partido vino cómo no, por la izquierda, con la participación de los dos jugadores clave. Gayá centró como solo sabe hacer él en esta plantilla y Piatti apenas rozó la pelota para desviar la trayectoria y colocar el 0-1 a media hora del final. A veces el fútbol es más sencillo de lo que parece, sin necesidad de inventos extraños. Pero para no variar, el Valencia perdió el control tras el gol y dio alas al Espanyol, que estuvo varias veces muy cerca del empate, hasta el punto de que Gayá tuvo que realizar un milagro, sacando un remate de Stuani con Diego Alves ya batido.

Gayá Piatti Cornellá    Gayá Stuani

No obstante, el partido aún iba a deparar un par de sorpresas. La primera, el gol de falta de Parejo a cinco minutos del final. El lanzamiento era muy lejano, pero el gran disparo golpeó en el palo y en la cabeza del portero para finalmente entrar. El 0-2 debía ser la sentencia definitiva, pero este Valencia no sabe cerrar los partidos. La segunda, fue la sucesión de tiros en el pie que se pegaron los de Nuno sacando el balón desde atrás, hasta dejar que Sergio García (qué pedazo de delantero) marcara el 1-2 con un minuto por jugarse. Todo comenzó con un mal pase a Parejo. A continuación, el capitán cedió atrás hacia un sitio indeterminado entre Sergio García y Mustafi y entre que el central lleva varios partidos pensando en otra cosa y el delantero está atento a todas, el capitán periquito se plantó delante de Diego Alves para fusilarle sin dudar.

De ahí al final no hubo tiempo para más sobresaltos y el Valencia se llevó tres puntos sin demasiado brillo pero con mucha importancia. Ahora no deberían tener demasiados problemas para seguir sumando victorias en casa el próximo domingo, estrenando horario de mañanas en Mestalla, frente al Getafe de Quique Sánchez Flores. Veremos qué cara nos muestra el equipo.

Desgraciadamente, son una máquina

Este Valencia no falla. Es 100% fiable en sus resultados. Siempre que juegue en Mestalla se puede confiar en un buen resultado, con más o menos brillo. De la misma manera, cuando el encuentro se celebre lejos de su feudo, se puede confiar exactamente igual, en que no conseguirá nada positivo, con un juego entre malo y lamentable, independientemente de la escasa entidad que tenga el rival.

En algunas ocasiones, se consiguió el milagro de jugar realmente mal y sacar los tres puntos, como en Villarreal, pero aquello fue obviamente una excepción. Dejarse puntos en Granada, Vigo o Coruña dando una imagen tan triste, no es propio de un equipo que aspira a Champions. El pasado fin de semana, frente al Málaga, una de las revelaciones de la liga, el Valencia tenía la oportunidad de dar la cara de una vez por todas como visitante y dejar al rival a doce puntos. Nada más lejos de la realidad, con un equipo perdido sobre el campo, sin soluciones, sin ocasiones y derrotado por 1-0 y con suerte.

Castillejo VCF

Y buena parte de culpa del juego desordenado del Valencia, lo tuvo el extraño sistema que implantó Nuno hace tres o cuatro partidos. Los cuatro centrocampistas juntos no funcionan, eso es un hecho. Enzo (ya puede ir espabilando por su rendimiento hasta la fecha, comparado con su alto coste) y Fuego se molestan y Parejo y André no encuentran su sitio, ni por dentro ni por fuera. El equipo pierde mucho peligro al no tener ataque por las bandas y lo que es peor, los rivales se han dado cuenta y atacan constantemente por los costados, arrinconando a los laterales. Por ahí vino el peligro del Málaga, con los laterales Rosales y Boka ayudando constantemente en ataque a los extremos (“Los Samus”). Antes de la media hora de partido, Samu García asistió y Samu Castillejo remató de cabeza el 1-0.

Si este invento del 4-4-2 sin bandas, era una queja del técnico para que todos nos diéramos cuenta de la falta de jugadores en esa posición, lo ha conseguido, pero ya puede dejarlo a un lado. Ahora el mercado invernal se ha cerrado y los extremos están de vuelta, con Piatti recuperado de su lesión y Feghouli acabada ya su participación en la copa de África.

El Valencia en Málaga fue un equipo perdido y sin ideas. Negredo y Rodrigo de inicio y Alcácer en la segunda mitad, apenas encontraron la pelota en todo el encuentro. Parejo no mandaba y André andaba perdido y desubicado. Los centrales, que llevan tiempo bajando su alto nivel del inicio de temporada, se veían constantemente desbordados. Si Otamendi ha pasado del sobresaliente al bien, Mustafi lo ha hecho del notable al suspenso. El alemán lleva tiempo despistado y en Málaga estuvo nervioso y fallón todo el encuentro. Por su parte, los dos laterales siguieron confirmando lo que ya sabíamos todos: que Gayá es un lateral de primer nivel mundial, siendo el único jugador que creó peligro en un malísimo partido y que Cancelo puede aportar cosas muy buenas, con gran trato de balón, pero está verde y peca en exceso de novato. En esta ocasión, perdió algunos balones peligrosos y sobre todo, fue expulsado por doble amonestación cuando pudo haberlo evitado.

Cancelo Gayá

Así las cosas, el Sevilla sigue siendo un rival difícil en la lucha por la Champions y se coloca cuarto, recuperando la ventaja que el Valencia le había sacado en el enfrentamiento directo entre ambos. Y la conclusión sigue siendo la de siempre, el próximo partido es una oportunidad más para cambiar el juego y la actitud fuera de casa. Mañana mismo en Cornellá es el momento de hacerlo o de seguir confirmando su fiabilidad para errar como visitante.

Todo sigue según el guión

Tras el fracaso estrepitoso en Copa del Rey, el Valencia se encontraba de frente con una realidad evidente. A partir de ese mismo instante, debía dar el 100% en cada partido liguero y sacar el mayor número de puntos posible, para estar sin duda alguna en la próxima edición de la Liga de Campeones. Así las cosas, los partidos en casa frente a Almería y Sevilla se planteaban como cruciales. Y como cabe esperar del equipo de esta temporada en casa y en liga, cuando los partidos son importantes por circunstancias o por rival, sacó adelante los enfrentamientos. Y como también viene siendo tónica general, sin demasiado brillo. De la misma manera que se ha dejado llevar en copa o fuera de Mestalla, los partidos como local, los acaba sacando de una u otra forma.

Siguiendo esta manera de actuar, sacó mucho mejor el encuentro frente al Sevilla por la entidad del rival, que frente al Almería. Mientras frente a los de JIM se dejaba llevar y empatar tras cada gol que marcaba, hasta llegar al 3-2 definitivo, frente a los del despreciado por Mestalla Unai, ese punto más de motivación y agresividad, les hacía dominar el encuentro y crear más peligro.

Negredo Almería

 

En ambos encuentros, hubo una nota táctica que llamó la atención, el nuevo cambio de sistema de Nuno. En este caso, formó con cuatro pivotes en el centro del campo y sin extremos, lo que dio lugar a un sinfín de comentarios. En primer lugar, el excesivo gusto por cambiarlo todo del técnico que puede llevar a confusión entre sus propios jugadores. En segundo lugar, el supuesto mensaje que manda el entrenador a los de arriba, para reivindicar la falta de extremos para este mercado de invierno (ahora que vuelven Piatti y Feghouli igual ya no). Y por último, que a pesar de restar peligro por las bandas, aporta equilibrio al equipo, y da libertad a los dos medios creativos el hecho de tener por detrás a dos defensivos. Opiniones para todos los gustos.

En cualquier caso, frente al Almería fue el cambio de sistema durante el choque, uno de los detalles que dotaron de un revulsivo al equipo y finalmente marcaron la diferencia. Negredo entró por Javi Fuego y se dio el paso al frente necesario. El otro fue la entrada de Cancelo por el lesionado Barragán. El portugués ha demostrado sobradamente, que a pesar de tener muchos errores propios de la edad, es infinitamente superior al andaluz, algo bastante sencillo por otra parte. Frente al Sevilla jugó todo el partido y demostró que merece la titularidad.

Parejo Sevilla

Y tras el vibrante partido que devuelve al Valencia a plaza de Champions y en el que Parejo con dos goles y el árbitro con tres penaltis (dos parecen, uno no y otros sin pitar sí. La locura habitual de los colegiados) fueron los protagonistas, ahora falta por mejorar la mala versión del equipo. Parece que puede seguir este sistema nuevo, con Barragán, Orban y Alcácer como los principales perjudicados y Cancelo, Fuego y el renacido Rodrigo como los beneficiados. Los dos próximos partidos fuera de casa marcarán si realmente este equipo aspira a grandes cosas o no. El guión marca que en casa y contra rivales fuertes da la cara, pero hasta ahora también que como visitante o ante rivales supuestamente inferiores el equipo cambia mucho, sacando puntos con mal juego o directamente perdiendo. El lunes en Málaga y la siguiente jornada en Cornellá donde se produjo el gran fracaso, vuelven a ser dos buenas piedras de toque, que deben marcar el camino de este equipo que aspira a grandes cotas.