Todo se acabó

Faltan unos minutos para que comience el Valladolid-Valencia de la jornada 32 y me pregunto cómo se puede afrontar ese encuentro. Se trata del primer partido de la liga que empieza ahora el equipo de Pizzi, una liga en la que no hay nada que ganar y nada que perder. Se acabó la emoción en los encuentros, se acabó la alegría por los goles y se acabó la competitividad. Es cierto que se llevan varios meses andando por esa delgada línea entre la esperanza y la desconfianza, pero siempre se tiene la ilusión de que pueden llegar las reacciones en los jugadores, los buenos resultados y los fallos de los que van por delante en la clasificación. Además, en la Europa League se vivía una euforia -totalmente desmedida e injustificada- basándose en el extraño argumento del poco número de partidos que se necesitan ganar para conseguir el torneo. En definitiva, toda esa pequeña ilusión acabó la semana pasada con el empate en Almería, el ridículo ante el Getafe y la guinda del paseo por Basilea del jueves, donde el equipo fue un mero espectador del 3-0 que le endosaron los suizos.

Basilea Valencia

Tras estar varias semanas hablando en Valencia de la importancia del encuentro de Europa League y excusando los malos resultados ligueros con que se estaban reservando para Europa, la primera parte de los de Pizzi fue sencillamente incomprensible. Los jugadores no acertaban a encontrar la pelota ni a ver por donde les venía un equipo realmente flojo y que tampoco parecía forzar la máquina. Y las cosas incluso empeoraban a los 24 minutos, cuando Senderos (que había hecho un penalti que el árbitro no vio) volvió a lesionarse, dejando al equipo con Mathieu como único central. Por él tuvo que entrar Barragán cambiando su demarcación.

Cuando el cronómetro pasaba la media hora y de ahí al descanso, se decidió el encuentro. Matías Delgado fue el encargado de hacer los dos goles que dejaban a su equipo con pie y medio en semifinales. Primero con un gran disparo desde fuera del área que nadie taponó y a continuación, rematando de primeras con la espinilla un gran centro desde la izquierda. Lo que se veía sobre el campo, se reflejada en el marcador al descanso.

En la segunda mitad, sí se vio una pequeña reacción del Valencia, que tuvo algo más la pelota e incluso varias ocasiones para recortar diferencias, a través de Vargas, aquel jugador que algún día despertó la ilusión de la afición a su llegada y que ahora todo aquello parece olvidado. El chileno tuvo dos ocasiones claras para marcar desde dentro del área e incomprensiblemente no acertó, sobre todo en la decisión. Y para rematar del desastre, cuando ya se pensaba en si el Valencia sería capaz de remontar en casa en la vuelta, llegó el tercer tanto suizo que mató (casi) cualquier posibilidad. Corría el minuto 90 y un gran pase al agujero de la defensa ché, lo aprovechó Stocker para plantarse solo delante de Guaita y batirle con clase, picando el balón con una gran vaselina. El desastre estaba consumado.

Y tras tanta debacle, acaba la liga para el Valencia a dos meses del final de la competición. Dos meses largos y tristes que se podían ver venir, pero quizás no se querían ver llegar. Ahora se tiene que empezar desde ya a planificar una renovación histórica, en la que tienen que cambiarse infinidad de piezas de la plantilla. Por todos lados sobran jugadores poco o nada implicados y mucho o del todo sobrevalorados sin saber porqué. A grosso modo, podríamos decir que a excepción de Alves, Mathieu, Parejo y Alcácer, cualquiera puede ser objeto de movimiento en el próximo mercado. Tras el intento de revolución de Rufete el pasado invierno, veremos hasta qué punto es capaz de remodelar la plantilla en verano.

PD1: El Valencia sale en Pucela con Vezo y Javi Fuego de centrales, ante la sanción de Mathieu y las lesiones de Senderos, Ricardo Costa y Víctor Ruiz.

PD2: Como dato de compromiso, preocupación e implicación de la plantilla con la mala situación del equipo, el pasado lunes por la tarde, justo después del ridículo frente al Getafe y antes del trascendental partido en Basilea, varios jugadores hicieron una fiesta de disfraces por el cumpleaños de Piatti y decidieron colgar una bonita foto en las redes sociales. Gran idea…

Disfraces VCF

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De la mediocridad al ridículo

El Valencia andaba casi deambulando por la zona media de la tabla y apurando sus escasas opciones de llegar a Europa. En los enfrentamientos con sus rivales directos no estuvo a la altura, pero el verdadero problema llega cuando tras caer en Vallecas o Vigo, se empata en Almería y sobre todo se pierde en casa contra el Getafe y de la que manera que se pierde. Si un equipo aspira a Europa, o eso se supone, es evidente que esos partidos -en resultado, juego y actitud- son intolerables.

Aún podríamos decir que el pasado jueves en Almería se hizo una buena primera parte, aunque en los primeros minutos de la segunda parte se tirara todo por la borda. La defensa estuvo pasiva en ambos goles y de Guaita no sé qué más se puede decir. El chaval algún día fue un gran portero y hoy es un peligro mayúsculo para su equipo en todos los partidos, le ha quitado ya varios puntos y opciones en eliminatorias y nadie sabe donde tiene la cabeza. El partido estaba totalmente controlado desde el gol de Keita a los seis segundos. Posteriormente apenas sufrimiento atrás, incluso con algunas paradas de Guaita, y fluidez en ataque con la batuta de Parejo y la inspiración momentánea de Feghouli. En este caso parecía que la moneda al aire que es el argelino, salía cara. Tras un gran pase suyo por encima de la defensa rival, llegaba el 0-2 de Vargas con el que se llegaba al descanso. El chileno tampoco anda precisamente muy entonado, lejos de las grandes sensaciones que dejó en sus primeras apariciones en el equipo.

Vargas Almería

 

Tras el descanso se acabó la buena cara del Valencia y comenzó la peor. En el minuto 53 Guaita hizo una de las suyas y dejó un rechace dentro del área que Óscar Díaz no desaprovechó para recortar distancias en el marcador y meter a su equipo en el partido. Y tan solo un minuto después, la defensa (principalmente Vezo) se quedó mirando cómo Corona pasaba por allí para plantarse solo delante de Guaita y fusilar el empate. Otros dos puntos que se evaporaban ante un rival que lucha por no descender.

Pero lo de Almería solo fue la antesala de lo vivido el pasado domingo en Mestalla ante el Getafe. Rival inferior, casi desahuciado y jugando en casa. Difícil empeorar una actuación como la de la anterior jornada, pero totalmente conseguido. Para más inri, una vez más, el equipo se adelantó en el marcador a los siete minutos con gol de cabeza de Vargas tras un saque de esquina. Colocarse por delante en el marcador ante un equipo que lleva cinco meses sin ganar, psicológicamente es dar un paso de gigante para cualquier equipo, o casi cualquiera. Todo aquel que estuviera viendo el partido sólo podía pensar en algo parecido a una goleada.

Vargas Getafe

 

 

Pero este Valencia no deja de ser una caja de sorpresas. Tras el gol, el equipo se dejó llevar e incluso el rival se sentía cómodo en el campo y los ché estaban lejos de poner en problemas a Codina. Seguramente ayudado por el incomprensible planteamiento de Pizzi, con Oriol Romeu y Javi Fuego en el centro del campo jugando en casa contra un rival de escasa entidad y sin su hombre más peligroso en ataque, Paco Alcácer. Cuando Mestalla se empezaba a dar cuenta de que el rival empezaba a crecer, llegó la prueba evidente. En una rápida contra, Lafita encaró a Senderos (de lo poco salvable junto a Mathieu y Parejo) y sacó un excelente disparo raso, ante el que nada pudieron hacer ni el suizo ni Guaita. Aquello iba en serio y la plácida noche que algunos esperaban, comenzaba a desvanecerse. Cinco minutos después y cuando aún no se había llegado a la media hora de juego, se confirmaba. Un centro al borde del área pequeña fue rematado por Ciprian, mientras Guaita esperaba en su portería en lugar de salir a tapar o al menos a achicar el espacio al delantero. Otra más para el portero.

Getafe Valencia

 

Otra pesadilla -en este caso ya se convierte en normalidad- volvía a hacerse realidad en Mestalla. Y el equipo no era capaz de reaccionar ante la debacle, sin crear apenas ocasiones en toda la primera mitad. Tras el descanso los cambios eran evidentemente necesarios y Pizzi decidió quitar el tapón que había creado en el centro del campo, quitando a un fallón Oriol, para dar entrada a Feghouli. El extremo se mostró con chispa y con ganas de crear peligro por su banda, pero pocas de sus intentonas -o ninguna- llegaron a buen puerto.

Lo único que cambió algo el partido, fue la entrada de Alcácer por un desdibujado -una vez más- Jonas. El delantero creo más peligro en cinco minutos que cualquiera de los otros atacantes en todo el partido, por ejemplo estrellando un balonazo al larguero casi en la primera pelota que tocó. El tema de reservar jugadores y esfuerzos para la Europa League, es la conversación de moda en torno al equipo, pero creo que perder en casa ante el Getafe, no soporta ningún tipo de reserva. A partir de ahí poco peligro más de los locales e incluso comodidad con la pelota de los visitantes. Solo Parejo, cómo no, trataba de poner algo de orden en el caos con su inagotable clase. Y ya para aumentar el grado de surrealismo de la noche, Pizzi dio entrada a ese pulpo en un garaje llamado Vinicius Araujo. El chaval no sabe todavía si está en el Valencia o dónde exactamente.

Pero cuando el partido agonizaba y los aficionados casi se marchaban en silencio y resignados, llegó uno de los peores capítulos que se recuerdan por Mestalla. Primero, porque llegó el 1-3 de Pedro León y segundo porque su celebración y hechos posteriores empañaron el propio gol. El jugador del Getafe demostró su nivel de neuronas y su profesionalidad, pegándose a la grada donde se ubica la Curva Nord, el sector más radical del campo y celebrando una y otra vez con efusividad y provocación. No se recuerda una celebración peor desde el perrito que hizo Leandro en el Calderón. Por supuesto desató las iras de los aficionados de todo el campo y dejó claro que lo suyo no es el sentido común. Cuando la actuación se alargaba sin fin y el árbitro miraba impasible sin actuar, Vargas, Senderos y sobre todo Mathieu, decidieron que ya estaba bien de burlas. Se fueron a por el provocador y el francés se pasó de la raya y le tocó la cara hasta que fue expulsado por segunda amarilla. Reacción tan lógica como desmedida y poco habitual en el nuevo capitán del Valencia, que cada vez se aleja más de la frialdad inicial y se acerca al compromiso con el equipo, aunque en este caso mal interpretado.

Mathieu Pedro León

 

A partir de ese momento, tensiones, tanganas, cánticos contra el Getafe y poco más hasta el final. En resumidas cuentas, otros tres puntos que vuelan de la peor manera de Mestalla y que ahora sí, le alejan de Europa y le condenan a dos meses de partidos tristes en la liga que no conducirán a nada más que a deambular por la clasificación. De lo que era la mediocridad de luchar por el último puesto que da acceso a Europa, al ridículo de quedar fuera de la lucha tan pronto.

Pero claro, si todos estos fracasos eran debidos a que los jugadores y el técnico se estaban reservando para la Europa League, ahora toca dar la talla. En unos minutos se enfrentan al Basilea y con todo lo que han perdido, deben al aficionado por lo menos una goleada en Suiza y otra en Valencia la semana que viene. Y es que se ha apostado por esta competición y algunos parece que han perdonado todo en la otra, con una fe basada en eliminar a rivales de ínfima entidad y que no parece sostenerse ante otros que todavía siguen en la competición. Veremos si la arriesgada apuesta tiene algún sentido.